El aun pensando en la historia del viejo, responde sin muchas ganas -si lo puse en la mesa- mientras que pronto trata de llamar la atención de su madre para platicarle del viejo. Mama, cuando venia a la casa me encontre con un viejo que iba al otro pueblo, y durante el camino me platico la historia del soldado.
Si la misma historia que todos sabemos -responde doña Victoria, su madre-
- Si, dice Andres, pero el me conto porque doña Ernestina se volvió loca, porque el soldado era su hijo y esa parte yo no la sabia.
- Ya deja de platicar esas cosas, sabes que no me gustan esas historias tan tristes - dice doña Victoria-
- Lo se, dice Andres, pero sabes que dicen que el soldado aun se aparece rondando la casa de la viuda? No imagino que ha de querer.
Para fantasmas y aparecidos mejor me gustaría que me visitara tu abuela -dice doña Victoria-
Aun recuerdo que le gustaba mucho cocinar, o cuando se quedaba horas en el pasillo del jardín bordando esos dibujos que tan bonitos hacia, formados por aves y flores entre canastas y jaulas. Si, recuerdo que a ella tambien le gustaban esas historias que tanto te gustan, en eso te pareces a ella.
Andres, mirándola tiernamente y con voz baja le dice a su madre -si alguna vez la llego a ver te aviso-
Su madre continuando la platica dice con voz alegre, la historia que me gustaba que contara mi mama es aquella donde tu abuelo regresando una noche a casa vio entre el monte y muy cerca del camino una llama naranja muy alta y pues en el pueblo siembre se dice que eso es dinero. Mi abuelo al principio se asusto y apretó el paso para llegar a casa y platicarle a tu abuela, ella sin perder tiempo lo animo a regresar para escarbar en el lugar, -vamos, yo te acompaño le dijo- y juntos, armados de mucho valor, una pala y un talache ubicaron el lugar de la llama y pronto comenzaron a escarbar. Aun recuerdo la cara de tu padre - decía la abuela riendo- siempre atento, siempre asustado mientras ella le daba al suelo con el talache y luego el retiraba la tierra aun temblando de miedo.
Apenas escarbaron medio metro y escucharon un fuerte ruido, el abuelo salto del pozo asustado aun con la pala en mano -lo platicaba mi madre riendo-. El caso que que era un búho que dormía en un árbol cercano y al sentirnos se asustó y nos asusto al irse! - lo platicaba mi madre a carcajada abierta -.
El caso es que después de escarbar un pozo de casi dos metros de hondo, pues no vieron nada. Tal vez equivocamos el lugar, tal vez no era para nosotros se decían para ellos mismos. Ya cansado, sudados y empolvados se regresaron a la casa un poco decepcionados, pero solo un poco, porque al menos lo habían intentado.
Pero lo mas interesante sucedió al dia siguiente, ya con la luz del sol y aun con la decepción encima, tu abuelo regreso al pozo solo para calcular cuanto habían escarbado, cuanto tiempo habían perdido. Al mirar al pozo, se sorprende al ver un conejo que por algun motivo habia caído al pozo y no habia podido salir.
Este amigo entre sus mil intentos de escapar comenzó a escarbar un hoyo en las paredes del pozo, el hoyo hizo que se cayera parte de las paredes y asi quedo al descubierto algo metálico como entre maderas viejas. Entonces tu abuelo entro de nuevo al pozo, primero libero al conejo no sin antes darle las gracias por ayudarle a escarbar.
Mas tarde tu abuelo llego a la casa con la cara radiante, levaba entre sus manos una vieja castaña de apenas 40 cm de ancho que contenía una serie de papeles viejo y alguna monedas de oro y plata. No era mucho pero le sirvieron para hacer algunos arreglos a la casa y comprar algunas vacas para el corral.
A mi tambien me gustaría ver esa llama - comento Andres-, seguro que yo si encontrare muchas monedas.
Esas historias si me gustan -dice su mama- no solamente fantasmas que te asustan.
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