sábado, 25 de marzo de 2017

Historias del Pueblo : 1.Andres

Andrés estaba pensativo, detenido en su tiempo, en su espacio, viendo hacia la nada.
A sus once años el ya sabía de los problemas familiares debido a las carencias en casa.  Compartiendo con sus cuatro hermanos las consecuencias por la falta de oportunidad laboral, un dia vio como su padre hace años tuvo que abandonar el pueblo buscando en otro país el sustento que tanta falta hacia

El amaba su pueblo, situado entre montañas que alguna vez tuvieron muchos árboles ahora ya talados por la mayoría del pueblo.   Sólo un camino llegaba hasta el pueblo y este mismo continuaba su ruta cruzando el pequeño arroyo y seguía para conectar luego a dos pueblos mas arriba más rumbo a la montaña. Su lugar preferido era la plaza, en especial en Domingo ya que desde temprano se llenaba de gente y bullicio, gritos y vendimia, dulces y helados.

La antigua plaza  rodeada de grandes álamos y sauces guardaba en su memoria hechos históricos, románticos y sobre todo trágicos.  Entre sus pasillos se podía encontrar esas bancas finamente labradas, unas de concreto otras de forja pero todas ellas muy bien detalladas, destacando siempre el nombre de aquel que amablemente la había donado así como la fecha del gran momento de gracia.

Para Andrés en esa plaza todo era felicidad, pero solo de día,  ya que en la tarde le traía viejos recuerdos de su padre, cuando éste terminaba su turno de trabajo y luego se encontraban en las calles de la plaza y pasaban el resto de la tarde platicando y riendo hasta ya llegada la noche esperando que llegara el tío Catarino en su carreta que los llevaría hasta su casa.

Durante el camino, su padre y su tío seguían platicando esas viejas historias que a él tanto le gustaban ya que aprendía de los eventos con que se había formado al pueblo, pero las historias que mas le gustaban era las de aparecidos.  El era bastante asustadizo y sobre todo de noche como cualquier niño y seguro también uno que otro adulto.  Las historias que mas le emocionaban eran las platicas de la gente que decían que habían visto un tal aparecido y era todo, pero para Andres era mas que suficiente para dejar volar su imaginación para crearle él mas historia a la historia haciéndose preguntas como ¿Qué sentirá el vivir así?, ¿Por qué sigue apareciéndose?, ¿Qué pendientes lo detienen? y así a para cada pregunta Andres le iba dando una respuesta muy a su imaginación y a su edad.

Su casa no estaba lejos de la plaza, eran solo ocho cuadras que a Adresa le gustaba caminar y que si el quisiera hasta con los ojos cerrados lo podía hacer.  Partiendo de su casa a una cuadra se encontraba la bodega de Don Marcos, una cuadra y media mas estaba la tienda de artículos varios que casi siempre estaba abierta, sabia ubicar de memoria las cuatro casas continuas de las hermana Soriano para después pasar por la tienda de artículos agropecuarios y así hasta llegar hasta la plaza que estaba rodeada de varios comercios y pequeños cafés y por supuesto la antigua iglesia.  Solo de vez en cuando se desviaba hacia el arroyo para juguetear arrojando piedras al agua o cortar alguna rama que le ayudara a buscar pequeñas ranas en la orilla.

Al pasar una carreta junto a él, Andres salio de sus pensamientos y volvió a ver su pueblo, sus calles y siguió caminando hacia su casa llevando un encargo que le había hecho el tío Catarino.  Ya era tarde, el sol ya casi se había puesto en su totalidad por lo que Andres volvió a recordar una de las historias que el papá en alguna ocasión le había contado.



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